¿Por qué el bebé rechaza el pecho?

Martes, 7 de Julio de 2009

Bebés, Lactancia, Nutrición

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Es algo habitual que le sucede a casi todos los niños en algún momento del período de lactancia.

La leche materna es el mejor alimento para el bebé, pues no sólo le aporta los mejores nutrientes sino que además le protege frente a diversas infecciones. Además, es una experiencia irrepetible para la madre, pero a veces no exenta de algunos problemas, como que el bebé rechace el pecho. Si está en esta situación no se desanime y ni mucho menos piense que la culpa es suya y que no es una buena madre. Es algo habitual que le sucede a casi todos los niños en algún momento del período de lactancia. Todo tiene una explicación, sólo hay que dar con ella para encontrar la forma de que el bebé se adapte en pocos días.

Falsos rechazos

Pero no siempre todo lo que la madre entiende como un rechazo lo es. Los reflejos normales de los primeros días de vida llevan muchas veces a engaño. Por ejemplo, cuando el pecho roza al bebé alrededor de la boca éste mueve la cabeza de un lado a otro, pero no porque lo rechace sino todo lo contrario, porque lo está buscando. En otras ocasiones, normalmente pasado el tercer mes de vida, algunos bebés de repente tardan mucho menos en mamar de lo que acostumbraban. No es que rechacen el pecho, es que sencillamente han aprendido a mamar en menos tiempo y con menos esfuerzo. Y por último puede simplemente que el bebé no quiera mamar porque no tiene hambre.

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También puede ocurrir que no rechace los dos pechos, sino sólo uno. Esta circunstancia puede responder a una mala postura, a que el niño tenga algún dolor, como otitis, congestión nasal o fractura de clavícula, o simplemente a que prefiera ese pecho y no el otro. Lo primero que hay que hacer por tanto es descartar enfermedades o corregir la postura, dependiendo del caso. Pero la solución del problema no implica que el pequeño acepte el pecho. Llegados a este punto, aún tiene una última baza: cogerle como si llevara un balón debajo del brazo, es decir, intentar engañarle ofreciéndole el pecho que no quiere en la posición en la que le da el otro. Si esto tampoco funciona no se preocupe. Un único pecho puede producir por si mismo toda la leche que un bebé necesita y la leche se cortará completamente en el que no trabaja.

Problemas de salud

Es posible que el bebé tenga congestión nasal o una infección de oídos. Con la nariz tapada no puede respirar bien y con la otitis el dolor es tal que puede que mamar se torne muy complicado. Puede también que todo se deba a una infección por hongos en la boca del bebé, o que haya que retroceder en el tiempo y volver al parto para dar con la causa. Y es que si durante las últimas semanas en el útero el bebé adoptó una postura rara o el parto fue difícil, es posible que el alumbramiento se saldara con un hematoma en la cabeza, una luxación de cadera o una fractura de clavícula, situaciones dolorosas que mantienen al niño inquieto. Cuando están saliendo los dientes las encías están sensibles y doloridas y el roce con el pecho no ayuda, y cuando se administra una vacuna puede que al pequeño le duela la zona en la que le hayan puesto la inyección. Si tomar el pecho supone presionar sobre ella, es normal que el pequeño acabe rechazándolo. No hay que descartar tampoco la posibilidad de que el niño tenga reflujo gastroesofágico o alergia alimentaria. Por una razón o por otra, siga siempre las recomendaciones de su pediatra.

Problemas de atención

También puede ocurrir que el pequeño se ponga tenso, incluso llegue a arquearse, cuando la madre intenta darle el pecho o que coja y suelte el pecho varias veces durante la toma porque esté nervioso. Para evitar problemas, lo mejor que puede hacer si su niño está más irritable de lo habitual es tranquilizarlo antes de empezar a mamar. Pruebe con un masaje, un baño o una nana.

Especialmente a partir del cuarto mes de vida, cada día aprende una cosa nueva y todo a su alrededor despierta su interés. Son tantas novedades que puede que el pequeño desatienda otras actividades tan básicas como mamar. Para evitar distracciones, busque un lugar tranquilo o aproveche cuando esté medio dormido. La rutina y la tranquilidad son clave en la educación de un niño y cuando éstas se rompen puede que la lactancia se vea afectada. La separación de la madre por la vuelta al mundo laboral o por un viaje prolongado, estar al cuidado de nuevas personas, un cambio de domicilio o incluso problemas de la madre y que él percibe pueden ser el origen del rechazo.

Si ha escogido la lactancia materna como forma de alimentar a su bebé no le dé suplementos con biberón, salvo que el pediatra lo indique. La tetina y el pezón son diferentes y los movimientos que la lengua ha de hacer para acoplarse a uno u a otro no son los mismos, por lo que si el bebé se acostumbra al biberón puede que se olvide de mamar correctamente y acabe rechazando el pecho. Para evitar confusiones, olvídese de las tetinas y si tiene que darle algún suplemento hágalo con una cucharita.

Asegúrese de que la postura que ha escogido para darle el pecho no es sólo cómoda para usted sino también para su bebé. Si está mal colocado, no coge adecuadamente el pecho y, como no succiona bien, la leche no sube en la cantidad que debiera. La consecuencia es que el bebé no calma su hambre y como el pecho no le sacia acaba rechazándolo. Y, por otro lado, cuando un pecho no se vacía del todo puede que se ponga tan tenso que el pequeño no se pueda agarrar bien a él. Si éste es su caso, extraiga un poco de leche. Así el pecho estará más blandito y el niño podrá mamar mejor. Los pezones planos o invertidos pueden ser un problema para la lactancia. Pregunte a su pediatra el mejor remedio. Puede también que el primer golpe de leche llegue de repente y con demasiada cantidad o que, por lo contrario, tarde mucho en llegar. Los extremos nunca son buenos: o se atragantará o se aburrirá de esperar. En uno y otro caso, la solución pasa por estimular el pecho antes de empezar para que o bien el golpe inicial de leche salga antes de que el bebé se ponga a mamar o tarde menos en salir, según el caso.

Cambios de olor y sabor

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Piense en lo que ha comido en los últimos días. Puede que la culpa del rechazo sea de de un medicamento que haya tomado o de un alimento en concreto y que al pequeño no le siente bien. También puede ser que haya comido o bebido algo fuerte que cambie el sabor de la leche, como la menta, y que al pequeño sencillamente no le guste. Además de los alimentos hay otras razones que pueden cambiar el sabor de la leche materna, como la vuelta de la menstruación o una mastitis, la cual es capaz de salar ligeramente la leche.

Tenga cuidado con los productos de higiene y cosmética que utiliza. Innovar en el gel, el desodorante, la colonia, en la pomada o en la crema puede hacer que el sabor y el olor del pezón cambien y al pequeño no le gusten las nuevas sensaciones que experimenta al acercarse a él.

Algunas ideas que pueden ayudar

      Amamántelo en un lugar tranquilo y con poca luz. Procure que no haya ruidos y que nada ni nadie pueda interrumpirles.
      Déle el pecho cuando esté a punto de quedarse dormido. Adormilado será más fácil.
      No sólo se puede amamantar sentada. Pruebe diferentes posturas hasta dar con la que resulte más cómoda para los dos. Sentada, acostada, de pie, etc., sea como sea, el bebé no ha de tener que girar la cabeza o flexionar el cuello para llegar al pezón.
      El movimiento suele gustar a los bebés, por lo que aproveche el balancín de una mecedora o el vaivén que se produce al andar para darle el pecho.
      No intente ganarle la batalla al bebé dejándole pasar hambre. Si piensa que así mamará mejor está equivocada.
      Intente que la piel de su pequeño esté en contacto con la suya tanto como pueda.
      Antes de la toma, mime a su bebé y tranquilícelo con besos, palabras y caricias.
      Anímele a agarrar el pezón untándolo de leche. También puede tentarle extrayendo leche y ofreciéndosela en un vaso o en una cuchara. Los biberones y las tetinas no son opción pues pueden empeorar la situación.
      Si todo comenzó por un mordisco, ha de estar preparada para, si vuelve a suceder, retirar al bebé sin asustarle.

Todo tiene su ténica

Cuándo empezar: cuanto antes mejor. Lo mejor es acercarle el pecho por primera vez en los primeros treinta minutos tras el parto. Si es así, la leche le subirá antes y el bebé recuperará antes el peso que tuvo al nacer, ya que es normal que durante la primera semana de vida pierda hasta un 10 por ciento del peso, aunque lo irá recuperando poco a poco.

Qué postura adoptar: se puede dar el pecho de muchas posturas, pero en cualquiera de ellas lo fundamental es que el bebé esté bien colocado y usted cómoda. Si es de las que opta por la forma tradicional, es decir, sentada, busque una silla o una butaca con respaldo, ponga los pies sobre algo que le permita tenerlos un poco elevados, como, por ejemplo, una caja de zapatos, coloque un almohadón encima de las piernas y apoye el bebé en él, así se asegurará de que está a la altura adecuada.

Cómo ha de estar colocado el bebé: acerque el bebé al pecho colocándolo de frente. Lo importante es que no tenga que girar o agachar la cabeza para agarrar el pezón y lo conseguirá, por ejemplo, poniendo su tripita enfrente de la suya. Bien colocado, ahora le toca esperar a que abra bien la boca (con la lengua hacia fuera) para que abarque el pezón y buena parte de la areola. Fíjese bien en el labio inferior; mientras mama ha de quedar vuelto hacia fuera. No ponga sus dedos por delante. Muchas mamás tienen la costumbre de sujetarse el pecho poniendo los dedos en forma de tijera; así lo único que conseguirá es poner las cosas más difíciles a su pequeño para que se agarre y dificultar, por tanto, el vaciado de la mama. Algunos consejos: si el pecho es muy grande puede sujetarlo con la mano contraria. Colóquela en forma de C, es decir, el pulgar por arriba de la areola, sin oprimir la mama, y los demás dedos por debajo. Independientemente del tamaño del pecho, las primeras veces que dé de mamar al bebé puede ayudarle comprimiendo suavemente las areolas con sus dedos para sacarse unas gotas, justo antes de ponerlo.

Cada cuánto tiempo: lo mejor es alimentarlo a demanda, sin obsesionarse por tomas ni horarios; darle cuando tenga hambre y tanto como quiera, no importa el tiempo que haya pasado desde la última vez. Comience por el último pecho de la toma anterior, vaciarlo bien es un estimulo para producir más leche. Cada niño lleva su ritmo, por lo que no es conveniente “meterle prisa”. Deje que acabe con el primer pecho: al final está lo mejor. Y es que la leche materna al principio de la toma parece más aguada y al final contiene más proteínas y grasas, por lo que le va a saciar más. Poco a poco el niño mamará cada vez más despacio y, cuando esté saciado, soltará el pecho por si mismo. Usted ha de ofrecerle el otro pecho, pero si no lo quiere, no pasa nada; simplemente no tiene más hambre.

Cuánto ha de durar la toma: cada bebé es diferente. Los hay muy dormilones, otros que apenas duermen entre las tomas, otros que maman frecuentemente de día y poco de noche, otros al contrario, unos que acaban en cinco minutos, otros que tardan media hora, etc. Además, a lo largo de toda la lactancia el pequeño no siempre se comportará igual. El ritmo y la duración de las tomas cambiarán considerablemente, pero esto no es algo que le deba preocupar.

Qué hacer después de la toma: coja el bebé en brazos y apóyelo verticalmente sobre su hombro y déle ligeras palmaditas en la espalda. Algunas veces necesita eructar y usted ha de ayudarlo.

Fuente: elperiodicodelafarmacia.com

1 Comentario en “¿Por qué el bebé rechaza el pecho?”

  1. Esly Izquierdo Says:

    me ayudo mucho su publicación mil gracias tratare de poner en practica sus consejos para que mi bebe desee nuevamente el pecho. gracia


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