Mascotas y niños

Jueves, 12 de Marzo de 2009

Mascotas

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¿Cuántas veces hemos oído a nuestro hijo decirnos que quiere una mascota, un perro, un gato, o un hámster?

Pero un animal no es un juguete, hay que cuidarlo y estar pendiente de él y, aunque sabemos que al principio le gustará hacerlo, sospechamos que acabará cansándose y seremos nosotros los que nos tendremos que ocupar del animal. Pero tenemos que saber que si nuestro hijo es responsable, el hecho de tener una mascota le comportará grandes beneficios y, en el caso de no serlo, o no haberlo demostrado hasta el momento, podrá ayudarle a desarrollar un comportamiento adecuado.

Tener un animal puede favorecer en tantos aspectos el desarrollo de nuestro hijo que es importante, si lo pide, que lo tengamos en cuenta. El orden de preferencia de los niños suele empezar por el perro y acabar en el pez, y se debe a la demanda afectiva que tiene cada animal y a las posibilidades de relación que ofrece cada uno.

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Es importante llegar a un acuerdo sobre qué animal será el más indicado. Si el que prefiere el niño no puede ser, debemos explicarle el porqué y encontrar alguna alternativa. Y si no podemos hacernos cargo de una mascota, no debemos perder de vista la necesidad que tiene el niño de estar en contacto con los animales y ofrecerle alternativas.

Una vez decidido el animal que compraremos, tendremos que repartir las tareas que hará cada miembro de la familia, puedes consultar el artículo de Las mascotas y la familia. Este reparto debe tener en cuenta las posibilidades de cada uno y, por supuesto, la edad del niño. Nuestro hijo debe responsabilizarse de las tareas que haya escogido. Si al cabo de un tiempo deja de hacerse cargo del animal, tendremos que hablarlo con él para conocer la causa y saber cómo proceder.

En el caso de que la mascota muera, es importante aceptar la tristeza de nuestro hijo, entenderla y ayudarle a expresarse. No conviene quitarle importancia; quizá es la primera muerte que experimenta y puede costarle un tiempo asimilarlo. A veces, puede ir bien hacer alguna ceremonia para despedirnos del animal.

Consejos

Antes de adquirir un animal es importante que nos informemos sobre éste: necesidades, alimentación, espacio, vacunas, higiene, comportamiento, etc.

¿Puede ser el perro un peligro para el niño?

En la relación entre el perro y el niño, puedes consultar el artículo de Los perros y los niños el riesgo de infecciones no desempeña un papel importante. Y en la relación entre el gato y el niño, puedes consultar el artículo de Los gatos y los niños . Únicamente hay que explicar al niño, desde un principio las reglas básicas:

  • Tiene que lavarse las manos cuando haya jugado con el perro, en especial antes de comer; es una buena manera de acostumbrarle, de paso, a la limpieza.
  • No debe dejar que el perro le lama la cara.
  • No debe chupar, ni lamer las orejas o las patas del animal.
  • El niño no debe comer del plato del perro, y viceversa.

Estos son algunos de los tabúes en el trato con el perro. Por supuesto, si alguna vez se rompe una de las reglas, no tiene por qué suceder nada. Ni el perro, ni el niño son seres estériles.

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Muchas de las cosas que un niño toca todos los días llevan más bacterias que las que pueda tener el animal. Sin ningún género de duda, en el caso de los perros de niños, hay que poner especial cuidado para que no tengan parásitos y estén vacunados. En tal caso no sucederá nada. En opinión de muchos médicos, un poco de suciedad no perjudica, sino al contrario: vuelve más resistente contra las infecciones.

Digamos de antemano que si su hijo quiere un perro, y ese deseo no es un capricho momentáneo, deberá satisfacérselo. Mejor todavía: compre el perro cuando su hijo cuente con un año de edad y los dos crecerán juntos.

Esto tiene muchas ventajas, tanto para el niño como para el animal.

El niño tiene un compañero de juego permanente en todo momento. De este modo se compensa la falta de hermanos en los hijos únicos.

El niño aprende, sin darse cuenta, a ser responsable de un ser vivo; a dejar sus propios deseos al tener que cuidar y preocuparse de otro y a acostumbrarse pronto a las obligaciones.

El perro propio es una válvula para el exceso de sentimientos de cariño. Esto es muy importante en la edad escolar, pues entonces ya hay que ocultar y reprimir deseos.

El perro propio es un confidente que siempre está ahí y que siempre le comprende a uno.

El perro y el niño aprenden uno del otro que no debe lastimarse a nadie. Aprenden a conocer los límites que no deben sobrepasar. El niño aprende el comportamiento social sin necesidad de que nadie le marque constantemente una pauta.

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Siempre se ha podido comprobar que los niños con perros son mucho más autosuficientes y espontáneos que otros, y que sus relaciones con los adultos no se perturban. Por otro lado, los perros de niños nunca son neuróticos ni histéricos. A todas las personas que teman problemas posteriores con sus hijos no puedo por menos que recomendarles que les dejen crecer con un perro, o que les regalen uno cuando tengan alrededor de seis años.

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